En principio Intentamos mantener el rigor científico en la charla, mi punto era hasta comprobable a través de la experimentación aunque no sin considerar la naturaleza cuántica del cálculo necesario: Si la frecuencia de un ómnibus desciende por debajo de determinados guarismos, no puede afirmarse con seguridad la existencia de dicho ómnibus.
Insisto en la naturaleza científica de la afirmación. Con un esfuerzo profesional de grandes proporciones yo dejo fuera de la muestra aquellas animosidades que existen para ómnibus como el 169 que pasan uno atrás del otro sin saber en que parte de la biblia Dios dispuso tal injusticia. El tema debía mantenerse limpio de emociones personales.
La violencia en la discusión la introduje yo mismo debo confesarlo, aunque no sin la invaluable ayuda de la sandez que al escucharla me provocó el enfurecimiento... Cuando Gonzalo Malva dijo que bastaba con que un ómnibus pasara una vez para poder afirmar su existencia empezó la batalla campal.
Sin Taxidermiar al pedo, un ómnibus es para mi, y para todo el que esté esperando en una parada (única razón de existencia de los ómnibus como los conocemos), un vehículo que pasa regularmente con el fin de transportar a las personas de un sitio a otro. Si no se sabe a ciencia cierta que un ómnibus efectivamente pasará en algún momento estamos al menos ante algo menos que un ómnibus.
Comúnmente se utiliza el mismo término para describir vehículos usados para excursiones, laboratorios móviles de exámenes mamarios o incluso carros de chorizos demasiado paquetes, pero a los efectos de este tratado debemos restringir la palabra ómnibus a aquel bondi destinado exclusivamente al transporte público de pasajeros, sin perjuicio de que su propietario se lo lleve a Minas el fin de semana para comerse un asado con la familia o traslade algún cuadro de Baby Futbol o incluso alguna murga de vez en cuando (en este último caso no importa las características del vehículo, este se define siempre como “camión”).
De nada sirven esos ómnibus legendarios, míticos, que siempre algún vecino dice habérselo tomado pero nosotros jamás lo hemos visto pasar ni luego de sendos plantones en busca de algún otro bus más cierto y que finalmente sí pasa.
Una frecuencia muy cercana a 0 de ciertos líneas debería ameritar a declarar peatonal la calle en cuestión o habilitarla para el montaje de una buena feria. Y grito ante cualquier feriante que descreo de esa historia de sangre y tomates machucados que cuentan, acerca de la feria arrasada por aquel 157 que todos considerában poco menos que un rumor hasta que se escuchó volar el carrito de venta de quesos de doña Clara. (mis condolencias para Don Mateo)
El tema ómnibus está hoy expresamente prohibido en la cantina mediante un clarísimo cartel que con los macaquitos del office, grafica perfectamente la patada en el orto que se le dará al iniciador de la charla
El asunto es apasionante ya que he podido constatar otras sorprendentes consecuencias de la frecuencia en los bondis, aunque no pueda divulgarlas en público por toda la violencia que ya rodea la cuestión en el barrio y en algunos otros en los que tengo entendido que el tema ómnibus está terminantemente prohibido so pena de cancelamiento de libretita de la almacén.
En fin, de a poco descubrí que así como la frecuencia pobre puede ameritar la desaparición de un ómnibus, el aumento desmedido de la misma puede provocar efectos curiosos.
El efecto ventilador es aquel por el cual creemos ver mil aspas en lugar de las 3 que sabemos que tiene el electrodoméstico en funcionamiento, un objeto moviéndose suficientemente rápido parecerán varios.
Esto podría ser lo que sucede con la línea 103 de Cutcsa que todos pensamos que tiene simplemente una muy buena frecuencia.
Pues si bien no tengo pruebas creo estar seguro de que no estamos ante la misma ilusión en la que caemos cautivados al observar con detenimiento un ventilador, no se trata de pocos 103 moviéndose muy rápido ni de muchos moviéndose lentamente.
El 103 es un solo y único ómnibus circular y continuo que simplemente por un efecto óptico de ventilador invertido, pensamos ver varios ómnibus pasando pero se trata de uno solo.
Un largo ómnibus que detiene su puerta exactamente frente a nuestro pie elevado y nos permite subir. Un gran gusano que mordiendo su cola recorre cual calecita incansable todo el recorrido entre la Aduana y Punta de Rieles y viceversa.
En la cantina lo negaré, pero de espaldas al gallego diré bajito: “igual es un solo ómnibus”.
Pablo Riveiro
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