miércoles, 1 de octubre de 2008

Precísamente nada

Inmovil la proa duerme en la vereda.
Que extraño testimonio resulta.
Cansada imagen de una verdad vieja, solo está allí sin explicación posible.
Mis ojos pasan, sin el menor espasmo, mis ojos pasan, sin reposar, no saben, ignoran carteles de otro tiempo que están por llegar.
Un viaje del alma, simple movilizar de un cuerpo por la ruta, traslado menos situl que el del corazón.
Funciones de rutina activadas, alarmas armadas sin razón.
Estructura de un momento que pronto cambiará, bastidor de una realidad efímera, burbuja de visión montada sobre los ojos.
Me pregunto que mundo ven los demás, ¿como refracta su cristal, quien estará dentro y quién no... de que lado estoy yo?
¿Soy el ojo o soy el sol? ¿La cerradura o el baby doll? ¿la mira o el conejo? ¿la válvula picando dentro de la pelota o los tapones del zapato del 9? ¿el gato o la noche?
Los productores montan escenarios monumentales, serán para sus jefes de producción, para las fotos de su reel, pero no para mi.
No sé si disfrutar de los viajes, pues no sé si todo pasa ante mí o soy yo que viajo. Pero hay días, en los que me pongo a pensar que la puesta es especialmente para mis ojos... y me fascino.
¿Quien colgó esa enorme bola de fuego? Solo a un demente se le ocurriría encajar semejante termofón ardiendo en esa cúpula. ¿Quien alquiló tanta agua para ese mar? ¿Quien la bombeó hasta hoy a la mañana para que luciera lleno al yo pasar por la rambla? ¿Quien vistió a la chica de rojo... que me exitó tanto?
Saben lo que me estresa, lo que me conmueve, lo que me endulza, y deciden por mi.
Sistema cruel, mafioso y rutilante.
Carcel de espejos que promete expansión y libertad.
Mampostería al servicio del engaño, escenografía de trágico teatro en el que morirá el protagonista en el final.

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