Otra vez Chester capturó a Colibrí, esta vez, confía que será la última.
Sonrie satisfecho mientras teje un colorido gorro de lana. Jamás había tejido, sin emabrgo aprender le tomó poco tiempo en consideración del que invirtió en urdir su intrincado plan.
Por fin había atrapado al veloz Colibrí que tantas veces lo había humillado en otros capítulos, que siempre huía con zocarrona sonrisa en audaz voltereta.
Un ojo en el tejido y el otro en su archienemigo, no podía perder un solo minuto del tan añorado espectáculo, colibrí transpiraba, parecía increible que un pájaro transpirara pero más increible era un gato vestido con overol esgrimiendo unas agujas de tejer lan,a disfrutando con placer de la torturante imágen del valiente Colibrí corriendo hace horas en gigante disco de pasta en medio del espacio.
El plan había funcionado a la perfección, valió la pena cada noche de insomnio.
Abruptamente una mueca violenta de risa contenida movía los bigotes del diabólico gato Chester, en su mente fluían frases como... “que bueno que engrampé sus alas, no fué fácil, pero que bueno que se me ocurrió”.
Colibrí estaba agitado, en su rostro se traslucía el canzancio y hasta una pizca de miedo.
Llevaba 3 horas corriendo sin parar en el gigante long play y hasta su frenético corazón que cualquier martes por la mañana latía 30 veces por segundo, estaba al borde de quebrarse.
Chester disfrutaba cada detalle, finalmente este era su día de gloria. Hoy sentía que cada plan fallido, había sido una insustituible lección de entrenamiendo para este día.
Bajo el mar Chester había descuidado la facilidad de colibrí para llamar la ateción de los submarinos antinucleares que terminaron empañando sus planes; en el desierto colibrí resistía el calor de una forma increible, y el tren en el que lo había encadenado la navidad anterior resultó más lento que Colibrí y logró zafarse. Toda su carrera de villano parecía converger en las ideas que hoy apresaban al superheroe, en el espacio exterior, el disco giraría cada vez más rápido por la ausencia de rozamiento, la falta de aire, limitaría la capacidad atletica de Colibrí, nada podía fallar... hoy finalmente habría llegado el día en que El gato Chester mataría a Colibrí.
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