domingo, 8 de agosto de 2010

Un perfecto plan.

Hacer una película deliciosa, imponer la moda de unos raros lentes, encadenarse a lo que sea que te hayas encadenado y que venga la prensa y no moverse.
Componer un mantra poderoso, haber dibujado una cara de dios, volar todos los días, haber vuelto en el tiempo sin decírselo a nadie y encontrarse con un amigo que no entiende qué pasó.
Tener una gema extraña, saber la verdad, anotarse en un grupo para poder dejar, que nazca tu hijo y vos tengas que escapar de un incendio para llegar a la maternidad, entrar con la ropa tiznada, sentirse feliz.
Perdonar sin decir, confesar el amor sin tener que hablar, boludear un sábado a la tarde, saltar de un helicóptero y filmarlo todo.
Que la banda haya sonado como nunca, beber para festejar, que el bar explote, poder salir antes del trabajo y el día esté hermoso.
Que la alarma suene, que entre la guardia, la bóveda vacía y nosotros en la piscina del hotel, falsos nuestros nombres, el dinero ya cambiado... el perfecto plan.

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