Las frases hechas desatan, ganan y terminan guerras, unen y separan parejas, ahorran muchas letras al pensar, condensan unas ideas, pueden esconder otras, billetera llena de frases bien acuñadas pueden matar galanes de pocas letras, una frase bien hecha, puede valer más que 1000 imágenes.
Desde que la frase lo dijo, todo mal parece que por bien viniera, que entristecerse por una pena siempre tuviera que pedirle permiso al refrán, porque aunque no se apegue a lo que sucede en el cien por ciento de los casos, parece que hasta cuando le erra está en lo correcto y nosotros mal.
Donde nos agarremos de frases distintas podemos discutir por horas, sin saber si el huevo o la gallina y sin huevo y sin gallina, sin pájaros en la mano, con los pies en la tierra y un ciento de frases que son cuchillo de palo para casos que los poetas ni imaginaron.
Una vez estuve en una regata y había muchos cabos sueltos, tenían viento a favor y en popa y sus velas llegaban hasta el carajo.. solo allí entendí que los demás metaforeábamos el resto del día con lo que ellos solamente manejaban un barco, pocos hacemos lo que hacemos en el momento que lo hacemos… la mayoría lo hacemos un poco después de hablar sobre el tema, procrastinamos con las palabras hasta que el enano haragán que llevamos dentro decide levantarse y “poner manos a la obra”.
Hacemos mucho ruido y ni siquiera nos gustan las nueces.. repetimos como loros y nunca tuvimos que sacarlo para el balcón porque estaba insoportable.
La cultura ha decantado en una serie de cuadros estáticos, viñetas clavadas en la anécdota que los vió nacer y morir en el acto. Hoy son índice de un comic gigante y entreverado que nuestra ignorancia juega a esgrimir audaz en busca de sorprender a la ignorancia ajena.
Quién desenfunde la mejor frase hecha gana, gana la campaña electoral, gana la entrevista laboral (y después que labure otro), gana la batalla sin incluso decir lo que piensa o lo que vale, gana por superioridad tecnológica, usó un conjuro enceguecedor de ingeniería poética que empuja enanos interiores a seguir sentados. Ganan batallas y ganan guerras, porque los guerreros se cansan de perder adeptos ante sus estruendosos embates… los guerreros quisieran seguir dilucidando y que gane el mejor.. pero ejércitos completos huyen despavoridos al escuchar que soldado que huye sirve para otra guerra, sin pensar que guerra pierden cada vez que no la luchan.
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