Un viernes es como cuando comienza el final de una película, el momento en el que cierran las historias...
Algunas con un mensaje en la almohada, otras con un matrimonio muy gracioso entre un travesti y un gordito super enamorados, la historia de la vieja amarga que se conecta con el asesino a sueldo encariñado con ella y viniéndola a visitar al asilo.
Con un extraño gusto a saga, el viernes nos deja la idea de que la niña más tímida del colegio tuvo sexo con el zombie en un punto ciego del film y que se viene la segunda parte.
Se escucha un punk rock melódico que nos divierte y nos emociona a la vez ... nos inunda la sensación de que la vida está bien tal cual es, y no importan los heridos arrastrándose por la calle principal, no importa el horizonte minado de explosiones y helicópteros zumbando, solo importa el héroe con un brazo roto, con su chica besándolo con furia sin importarle su cara ensangrentada, y la mano de él presionando su cintura, como si fuera ella el último salvavidas que quedaba en el barco, que se acaba de hundir con el arma mortal en su bodega... y que queda latiendo en el fondo del mar.
Viernes, no es el final..
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