miércoles, 2 de julio de 2008

La niebla

La ruta llevaba nuestra camioneta encima desde Colonia hasta Montevideo.
Veníamos del hotel Colonial, de una cena de banqueros en la que hicimos la payasada de media hora y emprendimos el regreso enseguida.
Los banqueros parecen cortados con la misma tijera. Todos parecen estar quedándose sin cabello y no hay quien no tenga un chaleco abrigadito encima de la camisa, parece que son banqueros dentro y fuera del banco y parece, que hay problemas que nunca tendrán... son otra cosa.
Esperamos más en la pequeña habitación que nos prestaron para ello, que el tiempo que nos tomó hacer la actuación.
Yo recorrí los pasillos oscuros cercanos a nuestra habitación porque ya dije que ... la habitación era muy pequeña.
Me imaginé que el hotel era grande más allá de lo que podía ver, y también que escondía algunas comodidades que seguro de día serían un placer disfrutar. Alcancé a ver un par de cuartos comedores y una sala de recreación con internet, televisión y unas maquinitas.


Al regreso la niebla se cerró encima nuestro...
La niebla no dejaba ver más allá de 20 centímetros de la camioneta. Éramos una isla rodante en la nada, debajo, una linea en el piso que se repetía o se movía con nosotros. Me preguntaba si realmente estaríamos avanzando.


Y es que el avance parece más un efecto en relación al mundo que a nosotros mismos, se me ocurrió si no será mejor rodearse de niebla, para fortalecer la confianza, y confiar en que estamos yendo perfectamente hacia donde nuestro corazón nos guía, que llegaremos ahí, a donde el corazón nos lleva, que no importa lo rápido que van los otros autos, que no importan los árboles que van en sentido contrario desdeñando nuestra desición...

¿Que oculta la niebla? ¿Hay obreros que apurados cambian el mundo los días de niebla?, cambios tan jodidos que no podemos ver.
Se me ocurrió... que a veces vemos al mundo, con sus mágicos horizontes, y nos cegamos ante la magnificencia, y sentimos que ese es un destino digno... sin saber, que incluso rodeados de niebla, muchas veces avanzamos también, confiando en nuestra brújula, y llegamos. Muchos viven en la niebla, más de los que pensamos, y avanzan como caballos ciegos hacia adelante siempre, y llegan, mientras nosotros esperamos que la niebla se discipe, como si el destino fuera en el mundo, y no dentro nuestro.

No hay comentarios: