Cada uno de nosotros somos el tozudo intento, una y otra vez, de fabricar al hombre perfecto, todos solo reiteración súperpuesta de un frenético niño que ha perdido el control. Superpoderoso capricho desdoblado y reiterado que produce una humanidad acumulada tras la obscesa idea de crear algo puro e inigualable.
Somos recortes descuidados de una mano nerviosa, enclenques monigotes construidos por un creador cansado y derruido por su propia codicia.
Borrada ya su gracia por obra de su propia desidia, transpira su ambición y escurre sus mezquindades directamente sobre sus hijos, que somos paridos de apuro, de prepo, y arrancamos a andar insuflados de una vida agena que ni es lo que pensamos ni tampoco nos esta siendo dada en realidad.
Somos un ejercito de muñecos de trapo, zombies lanzados a correr a un campo que en realidad cabe dentro de una caja del fondo de la casa del niño dios. Sanguinario experimento de niño, que nos hace hormigas creyendo surfar infinito mundo. Rotos muñecos vidú del patio trasero del dios enojado, porque no le sale la gracia, como aquella primera vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario