Alguien despierta a la mañana.
La vida está buena y aunque a veces pasan cosas extrañas y haya altibajos hay momentos en que es hermoso estar vivo para él.
Un día se duerme sorpresivamente comienza un extraño sueño en el que yace en una cama sin poder moverse.
Comienza a vivir esta escena en forma continua sin poder moverse ni comunicar con nadie en la habitación, la situación demora hasta que la persona ya no considera que se trata de un sueño.
Se desespera, día tras día, noche tras noches, está viviendo un calvario.
Un día rendido se da por vencido y cae dormido luego de un agotador ataque de nervios .
Sin haber percibido bien el tiempo que pasó, despierta en el mundo y al moverse por primera vez se queda horrorizado por el recuerdo de lo que le acaba de pasar.
Pasan los años y su vida continúa con momentos buenos y malos.
Un día cuando está por ir a buscar a su hija a la escuela cae en un sueño profundo al tomar las llaves en su living, en su mente pasa de inmediato a vivir en aquel mundo en el que no puede moverse de su lugar ni comunicarse y todo ese mundo se desarrolla con normalidad a su al rededor.
Los años pasan y él envejece allí, acostado, transpirado, vencido. En el punto máximo de desesperación, su angustia convertida en furia paraece no poder contenerse, y entre llanto y desquicie el hombre grita con todas sus fuerzas hasta quedar ciego de impotencia y en ese momento siente una terrible sensación de paz, al volver en sí tiene unas llaves en la mano, es 40 años más jóven y está en el living de su casa, es hora de ir a buscar a su hija.
La vida sigue, debe ir a buscar a su hija, lo llaman de la escuela, debe ir, no importa lo que pasa en su cabeza, no importa lo que piensa que acaba de pasar, no importa que esta vida sencilla, que aún lo hubiesen llamado para comunicarle la muerte de su hija, jamás el golpe hubiera sido tan fuerte como el que le provocó el impacto de caer en esta vida buena desde lo que acababa de ser su vida.
Manejó su auto envuelto en sudor y el pie castigó a patadas al acelerador. Su hija no le notó nada raro... su cara tenía espanto por el lado de adentro.
Su mujer al volver le presionó porque había olvidado un cumpleaños, tuvo que bañarse y ponerse lindo de apuro, fueron al cumpleaños.
Allí le hablaban de futbol, allí le dieron de beber y comer, allí le trajeron una torta y le cantaron de sorpresa el cumpleaños a él también poruqe él no había festejado su cumpleaños, allí se emocionó y se dedicó a que lo mimaran sus amigos de toda la vida, pensó que como era posible no amar a estas personas, bebió de más y durmió en un taxi con su mujer que sonreía recordando algunos chistes que él había hecho en la parrilla con sus amigos... en el taxi su mujer recordó la expresión de felicidad que habia en su rostro y le acarició el pelo.
Al despertar movió la mano como desesperado y luego tanteó sus piernas con energía, solo entonces soltó la respiración, aún podía moverse, y por alguna razón eso le parecía tremendamente alentador, no recordaba porque estaba tan asustado, como esas veces en que uno sueña algo terríble pero se lo olvida justo en el momento que de despertar.
Se miró al espejo y pensó, “si me olvidé de lo que soñé, ¿como estoy seguro de donde vengo?”
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